El lado punzante de los nudos

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Se observa la silueta de un perro mirando hacia el amanecer. A su vez el sol se ve reflejado en una laguna.
A lo lejos, se aprecian dos hombres navegando en kayak.

Existen momentos en los que todo deja de existir, a excepción de la tristeza. Esa que duele aún más cuando se transforma en un nudo en la garganta, el cual no sabemos desatar.

En esos instantes vemos todo desde un segundo, y hasta un tercer plano, como si nuestra esencia se hubiera ido de nuestro cuerpo por unos segundos.

Y entonces algo, no sabemos muy bien qué, nos hace reaccionar. El nudo en la garganta se convierte en llanto, y poco a poco, las lágrimas afloran en nuestras mejillas dejando ver nuestro lado más vulnerable. A pesar de que el suelo sigue firme bajo nuestros pies, sentimos como todo alrededor comienza a tambalearse, amenazando con hacernos caer. Y como ya algunos hemos conocido el suelo de punta a punta, nos negamos a desistir. Se nos doblan las rodillas y todo nuestro ser tiembla más que una hoja movida por los fuertes vientos del invierno, pero no queremos tocar fondo. Ya sabemos cómo se siente, y lo que va a doler.

¿Y qué nos queda?

Todo, y a su vez nada. Los sollozos son cada vez más desgarradores, y las fuerzas nos van abandonando, dándole lugar al cansancio. Lo único más fuerte que nosotros es una pared de concreto, y en ella nos apoyamos. Es fría, pero no importa. Nada es más frío que el que sentimos en nuestro inundado corazón.

¡Lloramos! Por lo dicho y lo callado. Por los “te odio” y los “te amo”. Por los recuerdos y por los olvidos, por todos esos asientos vacíos. Por la nostalgia de lo que fue. Por la melancolía de lo que jamás podrá ser… Hasta que de pronto no sabemos por qué lloramos; si por los de ayer, los de hoy, o simplemente lo hacemos por todos.

A causa de tantas lágrimas ya no nos distinguimos ni a nosotros mismos. Entre tanta pérdida y desconcierto el suelo no parece tan malo. Nos acostamos en él, esperando ver mejor el cielo, y hallar en alguno de sus astros un motivo para levantarnos, o quizá, el resplandor de aquello que hacía que nos brillaran los ojos al hablarnos. No lo encontramos. Nos incorporamos, y comenzamos a ver un mundo nuevo, o mejor dicho, un mundo en el que lo que perdimos ya no está.

Y ahora sí nos queda algo: volver a empezar.

Rosie 🌹🌵